Carles Quer: narración de "Infierno cuántico"


"Hace tantos años que estoy muerto, que ya he perdido la cuenta...". Impactante videopoema de "Infierno cuántico", de El penúltimo infierno de Borges, a cargo de Carlos Quer. La combinación de voz, música de fondo e imágenes generadas con AI te trasladan a un más allá fantasmagórico. Mi agradecimiento infinito al narrador. Que lo disfruten (con algún escalofrío). 



Fuente: Youtube."Infierno cuántico/ Silvia Rins/ narración: Carles Quer ", 12 de marzo de 2025. 

El penúltimo infierno de Borges

Iñaki Rubio Zapirain, El otro, el mismo



     
EL OTRO, EL MISMO


Alguien se decía
en un idioma lejano.

Otros de otras voces
me abandonaban
en un instante
dejándome a merced
de un viento sin timón.

 

Hoy es un día de crisálidas empapadas
después de la tormenta

 

Hoy se pierde el sol en el otro,
en él mismo.

 

las huellas brillan en la memoria 
y ya no sé si soy el que fui. 

 

un río de tristeza inmóvil

       me surca el pecho


y ya no soy el pasado. 

 

Me descuelgo del miedo
Y cruzo otra propia vida.
Y abrazo el ser que será.

 

Ahora sombra, ahora otro.


El mismo.

  

 


Iñaki Rubio Zapirain
del libro: Cuerpoético (Editorial Buenos Aires Poetry, Buenos Aires, 2018) 



El penúltimo infierno de Borges

Homenaje a María Kodama


Foto: Fundación Internacional Jorge Luis Borges.

 

"!Absurdo que al final la única verdad indubitable tenga que ver con la muerte!: los dedos de María, que ya no siento, esa evidencia literal del infierno." ("El penúltimo infierno de Borges").

 

El pasado 26 de marzo de 2023 falleció María Kodama, compañera de las últimas décadas de Borges, su primer, último, gran amor. Tenía 86 años, los mismos que éste cuando murió, dos meses después de casarse con ella y designarla su heredera. Al margen de sus actividades como traductora y escritora, dedicó la mayor parte de su vida a dirigir la Fundación Internacional Borges y a proteger y defender la memoria y la herencia del escritor argentino, a veces incluso de manera injustificada o furibunda. Acaso le costaba admitir que los textos de Borges formaban cada vez más parte del universo intertextual de la literatura, que su obra pertenecía cada vez más a sus lectores, y él seguía manifestándose en tantos de nosotros más allá de la muerte. Paradójicamente, ha muerto sin testamento, lo que abre grandes interrogantes acerca del futuro del legado tangible borgiano. Pero no hay duda de que nadie nos puede robar ya a nuestro Borges. María, bienvenida al otro lado del espejo. 
Silvia Rins

 

Foto: Ferdinando Scianna/ Fotoware Fotostation

El penúltimo infierno de Borges

Crónica fotográfica de la presentación en la Llibreria de la Imatge


La magia es una causalidad distinta. Es suponer que además de las relaciones causales que conocemos, hay otra relación causal, escribió Borges. Algo de magia hubo en la presentación de "El penúltimo infierno de Borges" en la Llibreria de la Imatge el pasado 18 de noviembre. Complicidad absoluta con mis dos maravillosas presentadoras, Neus Aguado y Dolors Fernández Guerrero; Jaime D. Parra, maestro de la ceremonia, que me hizo ya no hija de Borges, si no nieta de Macedonio. Y los artistas-rapsodas participantes: Gustavo Vega, Mari Carmen Gutierrez Gallardo, Alicia Aragón, Koichi Sugihara, Teresa Batlle. Así como con un público entusiasta que parece que disfrutó del evento. !Muchas gracias a todos! 















Fotografías de Mari Carmen Gutierrez, Carles Molins, Inma Arrabal y Maite Jou. El álbum de fotos completo del evento se puede consultar en el siguiente enlace

El penúltimo infierno de Borges

Gabriela Farnell: El Aleph




El Aleph (1994)

Gabriela Farnell nace en 1967 en Buenos Aires (Argentina). Dotada de una natural habilidad para el dibujo, desarrolla una clara vocación por el arte desde su infancia. A mediados de la década de 1990 su obra no solo se exhibe, sino que comienza a ser reconocida y premiada. En paralelo a su formación autodidacta, lleva a cabo la autogestión autodidacta de espacios expositivos y canales de difusión. La obra que presentamos corresponde a una serie de inspiración borgeana -grafito, tinta, acrílico y óleo sobre papel- que se expuso en 1995 en la Sala bonaerense José Mauroner. Desde 2012 publica en línea su blog Espacio Farnelliano, difundiendo internacionalmente su trabajo a través de internet.

Objetos inconcebibles como el falso Aleph de la calle Garay; inquietantes, como un reluciente cono de metal del tamaño de un dado y de peso intolerable, símbolo de la divinidad para una de las religiones de Tlön. Fabulosos, utópicos, significativos: la daga de Juan Muraña; el disco de Odín, un brillo con un sólo lado; la cicatriz blanca y corva que rubrica el rostro del traidor Vincent Moon; la rosa resucitada de Paracelso.

El penúltimo infierno de Borges

 

Lauren Mendinueta: Poema de amor para Jorge Luis Borges






     Foto: Corbis. 
POEMA DE AMOR PARA JORGE LUIS BORGES

Me pesan
el bullicio y la injusticia
,            La marea turbia
y el olor de un atardecer marino
que no he de presenciar
Las largas despedidas
y los encuentros fugaces
Algunas palabras
y los silencios forzados por la distancia
La noche despoblada de ti
que avanza indiferente
hacia el abismo del día 
Las letras que componen tu nombre
inmensa pieza del universo

              que todo lo encierra

La cifra que define tu número

             El género que marca tu cuerpo

El tiempo indefinido de tu existencia.

Lauren Mendinueta
del libro: Autobiografía ampliada (2005) 

Lauren Mendinueta nació en Barranquilla (Colombia), en 1977. Es poeta, ensayista y traductora. Ha publicado once libros de poesía editados en Colombia, México, España, Italia y Portugal. Ganó cuatro premios nacionales de poesía en Colombia, el Premio del Festival de Poesía de Medellín, y el Premio Nacional de Ensayo y Crítica de Arte del Ministerio de Cultura. Además, ganó en España los premios internacionales Martín García Ramos por La Vocación Suspendida y el Premio César Simón por Del Tiempo, un Paso. Su último libro publicado se titula Una visita al Museo de Historia Natural y Otros Poemas (Animal Sospechoso; Barcelona, 2021). Actualmente, reside en Lisboa, donde desarrolla una intensa labor de divulgación de la poesía latinoamericana. 

El penúltimo infierno de Borges

Gustavo Vega: Tú Dios inaccesible




Tú Dios inaccesible (1995)

Gustavo Vega. Leonés residente en Barcelona. Creador pluridisciplinar -poeta/artista visual-. Estudioso de la poesía visual. Doctor en Filología Hispánica y Literatura, licenciado en Filosofía. Ha sido profesor y conferenciante; autor de libros y artículos; ha realizado recitales, arte de acción, videopoesía y numerosas exposiciones. Sus obras forman parte de museos públicos y colecciones y algunos de sus libros pueden obtenerse en: Amazon-Biblioteca Gustavo Vega Mansilla. Más información sobre su obra: http://www.gustavovega.com

Enamorarse es crear una religión cuyo Dios es falible, pero nunca si uno muere antes, Jorge Luis.

El penúltimo infierno de Borges

 

Miguel Moreno: Caricatura




Caricatura (2021)

Miguel Moreno (Tánger). Desde niño le gustaba pintar, hacer marquetería y otros trabajos manuales. Con 16 años se vino del calor de Marruecos a la gran nevada de Barcelona. Los dibujos los abandonó persiguiendo faldas. Los volvió a retomar en los setenta con alguna cancioncilla y algún que otro dibujo. Últimamente le ha dado por hacer caricaturas y alguna que otra poesía y relato. La vocación artística le ha acompañado desde siempre.

Quizá para un biógrafo literario la tarea consista sólo en fijar una imagen prolija y clara de lo que su protagonista quiso, y lo que su contexto y la expresión le dieran. Pero cuando se trata de un escritor, suele no haber más remedio que ir a buscarle en el centro del laberinto.

El penúltimo infierno de Borges

 

Andrés Aragón: Cnosos 2600 antes de Cristo




Cnosos 2600 antes de Cristo (2000)

Andrés Aragón Martín (Valladolid 1930 - Terrassa 2021).Tras residir unos años en París, se instala en Barcelona, donde realizó la mayor parte de su obra. Escultor en hierro, soldadura eléctrica. Expuso y participó en certámenes y galerías de España y Europa. En sus manos el frío metal era expresión de fuerza y realismo vital.

Convencido de que las metáforas importantes no eran las de los juegos de prestidigitación o pirotecnia verbal que explotaron las vanguardias, sino las esenciales y universales, prestas a despertar emociones profundas, se apropia de las fundamentales de la tradición (el tiempo como río, la vida o la muerte como sueño).

El penúltimo infierno de Borges

 

Carmen Plaza: El mar de Borges

    
    


                      Fotografía: Biblioteca de Carmen Plaza

                    EL MAR DE BORGES

                                                                      “Quién es el mar, quién soy?” 
                                                                      El otro, el mismo 
                                                                      J.L.Borges

 

                    ¿Quién es el mar de Borges, qué reflejo

                    roba el brillo a los ojos y a los versos,

                    multiplica océanos y universos

                    tendidos a sus pies como un espejo?

                    Combate con la duda y con la suerte

                    disfrazado de sombra, voz, arcano.

                    Arde la llama, prende en el anciano

                    cuando camina a orillas de la muerte.

                    Su obra como el mar. Razón. Instinto.

                    Su vida como el mar, oscura y clara,

                    lucha para salir del laberinto.

                    Pesan más las palabras que la pena.

                    Quién fuera mar y quién se desnudara

                    para abrazar la luz, la sal, la arena.

 

        Carmen Plaza, enero de 2021. 

 

El penúltimo infierno de Borges

"Un canto a la libertad poética", por Dolors Fernández Guerrero.




El penúltimo infierno de Borges es un ensayo metaliterario que rinde tributo a uno de los autores indispensables del siglo XX como es Jorge Luis Borges: genuino poeta, narrador, pensador y crítico literario.

Por un lado, es innegable el valor biográfico de este libro, tanto como la labor ensayística que su autora, Silvia Rins, lleva a cabo. Pero El penúltimo infierno de Borges es mucho más. Esta obra, madurada con años de lecturas, análisis y reflexiones acerca del universo borgiano, por efecto de la capilaridad, recrea la figura de su protagonista en un trasunto biográfico que respeta la cronología −es cierto−, pero que no vacila a la hora de alterar el método, el tono y el estilo, en una suerte de transgresión continua. El resultado es una obra asíncrona, compleja e irreductible, un canto a la libertad poética, a la erudición y al rigor expresivos. La relación de datos referentes a la vida y obra del escritor argentino se alterna con la irrupción de textos poéticos −en verso y prosa− que tergiversan la voz del narrador omnisciente. De este modo, el eje temporal queda en suspenso para que su autora pueda realizar admirables digresiones, ejercicios de introspección que indagan en el mundo onírico, en los laberintos intelectuales y personales del argentino. Tal y como Silvia Rins nos explica en uno de los capítulos iniciales −titulado “La biografía imposible”−, sus elecciones y la intrincada obra de Borges son las que marcan la pauta de su escritura; no las dudosas convenciones del género biográfico:

Trazar la figura de un hombre, reescribirlo en un papel, es siempre dar valor absoluto a unos elementos que conocemos, y sancionar la inexistencia de los que ignoramos. Y aún menos: es preferir aquellos que nos conmueven y elige nuestro deseo, si no nuestra vanidad, y crear una marioneta que pueda expresarse en nuestro estilo. (…) La escritura, como la vida, es una serie de continuas elecciones, monótonas o imprevisibles, que llevamos a cabo de manera consciente o inconsciente.

En este contexto, El penúltimo infierno de Borges arranca con un texto inquietante, un sueño entreverado de pesadillas, protagonizado por el mismo Borges y la autora, que lleva por título “Tres sueños”. Es un ejemplo modélico de los procedimientos con que Silvia Rins construye su originalísima aportación al imaginario borgiano, apelativo con plena entidad que, sin embargo, Borges rechazaba.

La sinceridad, la admiración y la voluntad de analizar hasta las últimas consecuencias la personalidad y la obra del célebre escritor preside este ensayo, de inusual lucidez, trufado de inteligentes citas. Verbigracia, sobre el azar Borges diría: “nuestro desconocimiento de las leyes que rigen la enigmática maquinaria de la casualidad”; o al afirmar que la fama es un “reflejo de sueños en el sueño de otro espejo”, en un mundo que “suele ser el reino de la inconsciencia, el error y el despropósito”.

Silvia Rins, con su rico bagaje cultural y literario, recupera la esencia del sabio, artífice e ilusionista de la palabra que fue Borges, quien, como sibarita intelectual, fue un crítico temible. Con su afilada pluma emitía juicios lapidarios −y a menudo discutibles− sobre colegas o autores consagrados, y jamás se desdecía. Bajo esta premisa, Borges consideraba que la literatura inglesa era la mejor de Occidente y acaso del mundo entero.

El Borges contador de historias, sagaz, heterodoxo, libre de interferencias exteriores −pues su patria eran las bibliotecas−, es protagonista e interlocutor de este espléndido trabajo de Silvia Rins. En él, la autora dialoga con su criatura, en una búsqueda de la verdad, asumiendo un sofisticado juego de identificaciones que deriva en la simbiosis de ambos, tal y como refleja a la perfección la portada del libro. En este proceso de asimilación, el Borges biografiado por Rins se erige, por momentos, en el alter ego de la autora.

No quisiera acabar esta reseña sin incidir en el carácter transgresor de la obra poética de Silvia Rinsi, desmarcada de los géneros y profundamente enraizada en la esencialidad de la poesía. Solo alguien como ella, con su escritura desafiante, podía ser capaz de desmitificar al hombre y, al mismo tiempo, homenajear con criterio al poeta, erudito, pensador y narrador.

Con El penúltimo infierno de Borges el fascinante juego de espejos, motivo recurrente en la obra del escritor, traspasa sus propios límites. ¿Alguien duda que a Georgie le hubiera encantado?

Un canto a la libertad poética", por Dolors Fernández Guerrero. Revista El Ciervo, núm. 784, Nov-Dic 2020.

El penúltimo infierno de Borges

 

Presentación de El penúltimo infierno de Borges en el Laberinto de Ariadna



Con 'El penúltimo infierno de Borges' Sílvia Rins aborda la biografía de Borges mientras se fusiona con él poéticamente. El resultado es una obra literaria que ahonda y explica de un modo lúcido y original los temas recurrentes del genio argentino. El género híbrido y la heterodoxia marcan el último trabajo de Sílvia, con la que tenemos el placer de charlar una vez más. Con ello, nos abre una puerta al intrincado mundo de Borges (Dolors Fernández Guerrero). 
Presentación de El penúltimo infierno de Borges en el Laberinto de Ariadna. 18 de diciembre de 2020. 

El penúltimo infierno de Borges

 

Entrevista de Esther Peñas: «Si quieres deshacerte de una influencia poderosa, no la mates, asúmela, recréala, ámala».



¿Qué tiene Borges para regresar continuamente a él?


Borges encierra la paradoja de que a pesar de ser un escritor culto, complejo, intelectual –su obra está plagada de referencias a otros autores y libros-, encandila a todo tipo de lectores y de generaciones. Volvemos a él quizá porque sus textos poseen múltiples capas, referencias y significados, y aunque su comprensión completa se nos escapa, con cada relectura profundizamos más en el enigma. Además, igual que con su estilo forjó una obra universal y a prueba del paso del tiempo, también se convirtió a sí mismo en un personaje fascinante.


¿Cuánto del maestro hay en Silvia Rins?


En El penúltimo infierno de Borges hay por mi parte un acercamiento voluntario y juguetón a su admirable estilo, aunque conforme avanzamos empieza a aflorar Rins, que es más imprevisible e irreverente. Veo más el legado del maestro en mi atracción por las formas narrativas breves o en el rigor lingüístico, la obsesión por encontrar la palabra exacta, adecuada, única. Sin embargo, se trata de la búsqueda de mis palabras, no de las suyas. De ser el arquitecto de mi propia obra. Porque como digo en un poema en prosa del libro: “Sólo puedes conquistar lo que eres”.


En la portada se observa un montaje en el que se funden ambos rostros, el suyo y el de Borges. Hay autores, como Borges o Cortázar, acaso Carver también, que siendo seminales, hay que tomar ciertas precauciones para evitar que anulen el estilo de los discípulos. ¿De qué manera se mata a un padre literario?

A los padres y a los hermanos se les suele matar con la indiferencia, que es una de las muertes más crueles. Borges, para mí, es un abuelo literario que ya no está de cuerpo presente, así que lo invoco desde el Más allá. Sin clemencia y con infinita ternura. Mientras incursiono en su biografía, intentando ser sucinta y objetiva, él se manifiesta en sueños, poemas y ficciones. Y de este peculiar diálogo –el tiempo “reversible” de la lectura- donde se funden nuestros estilos y nuestras caras, surge El penúltimo infierno de Borges. No hay enfrentamiento entre ambos si no confluencia, escarceos irónicos y hasta un ligero coqueteo. Él me pide el olvido y yo necesito olvidarlo. Pero para poder olvidarlo con honestidad debo resucitarlo una última vez. Si quieres deshacerte de una influencia poderosa, no la mates, asúmela, recréala, ámala. Borges fue capaz de encontrar su propia voz recordando, citando, ensalzando a los grandes escritores que le precedieron.

A día de hoy, ¿hay algún escritor que pueda estar a la altura de lo que Borges representa?

Lo dudo. En la actualidad sigue encarnando al escritor vocacional por antonomasia. Su obra conforma en sí misma un canon literario, un homenaje al acto de escribir, y sobre todo al de leer. Renovó el lenguaje narrativo, partiendo de las grandes preguntas que recorren el pensamiento occidental, así como de sus principales metáforas y símbolos. Pero no ofreció respuestas, optó por forjar elegantes alternativas y sublimes contradicciones, envueltas de paradojas e ironías. Su literatura es un gran palimpsesto que exige la figura de un lector activo y cómplice. Hay incluso quien asegura que tanto los temas de sus relatos fantásticos, como su uso de la repetición y la intertextualidad, pudieron ser el origen literario de internet y los mundos virtuales.

¿De qué modo Leonor Acevedo influyó en su personalidad?

Borges vivió la mayor parte de su vida con su madre, y tras su pérdida de visión, ella se convirtió en su secretaria abnegada, su lazarillo celoso, incluso se puso a estudiar inglés en edad avanzada para ayudarle en su labor de traductor. No obstante, si en el terreno literario su influjo fue casi siempre positivo, en el terreno personal diría que resultó una madre controladora y castrante, inculcando a su hijo la mayoría de sus ideas conservadoras acerca de la sociedad, la política –el exacerbado antiperonismo- o las propias mujeres. El caso más evidente es el culto a los antepasados propio de las familias patricias venidas a menos. Los ilustres ancestros militares tuvieron un gran protagonismo en la poesía del autor, que sólo será capaz de cuestionar al final de sus días. Muy posiblemente, también su madre, que temía morir y que Georgie quedara solo y desvalido, promovió su fallido matrimonio con Elsa Astete en 1967. Borges, pese a no ser un hombre en absoluto convencional, sí fue reo de convenciones.

El argentino fue sumamente generoso con aquellos escritores que admiraba. ¿Se equivocó alguna vez Borges al encumbrar o desdeñar algún texto?

Él, que era tan respetuoso con sus escritores favoritos, y tan amable con la gente en general, fue muy radical como crítico literario, sobre todo cuando le entrevistaban. No sólo reivindicaba sus gustos personales –algunos rozaban la extravagancia de las sagas anglosajonas medievales-, si no que le tentaba pasar de la crítica a la injuria, a través del sarcasmo. Todo esto con un ingenio envidiable que hacía reír a la par que escandalizaba a su interlocutor. Por ejemplo, consideraba que la mayor parte de la literatura española era de “mal gusto”. De Antonio Machado opinó que “fue un andaluz que se hizo castellano” y Lorca le parecía un poeta menor al que sin duda había favorecido su “muerte trágica”. Se puede estar de acuerdo con él o no, por supuesto. Cuando le preguntaban por sus radicales aseveraciones, él respondía que “decir la verdad siempre era una pedantería”.

¿Cuánto le debe Borges a Macedonio Fernández?

Lo consideró, junto a Rafael Cansinos Assens y Xul Solar uno de sus maestros vivos. Borges había heredado su amistad de su padre, y en su juventud solía acudir cada noche expectante a escucharlo en la confitería La Perla de Buenos Aires. Era un hombre que le impresionaba y a quien Borges confesó haber imitado hasta “el apasionado y devoto plagio”. Probablemente le deba mucho a la lucidez de sus ideas, la agudeza de sus comentarios, el laconismo en sus conversaciones, el enaltecimiento de la amistad, y quizá la modestia (nunca sabremos si del todo sincera) que en ocasiones le caracterizaba. Macedonio Fernández se consideraba un pensador y no valoraba lo que escribía, gran parte de su original obra se publicó tras su muerte. Borges siempre decía que no entendía como el mundo literario le veneraba a él, cuando no era nadie en comparación a los extraordinarios autores que le habían antecedido.


Enamorarse es crear una religión cuyo Dios es falible”. ¿Era, como se dice, un ser asexuado?

Yo lo definiría como un ser “frustrado sexualmente”. Sabemos, pese a su discreción, que Borges se enamoró en su juventud de numerosas mujeres y que las amaba sincera y a veces simultáneamente: Haydée Lange, Estela Canto, María Esther Vázquez… Ellas solían ser intelectuales, modernas y desinhibidas. Las relaciones con el tímido y caballeroso Georgie no solían prosperar y acababan como amistades literarias. Algunos de sus enamoramientos fueron creaciones mentales. Sin embargo, Borges no era frío, si no inseguro e hipersensible. Tenemos el valioso testimonio de Estela Canto, de que fue tratado por un reconocido psicólogo, el doctor Cohen-Miller, porque sentía un pánico hacia el sexo que le impedía disfrutar del coito. Éste concluyó que no se trataba de una impotencia física y que el “bloqueo” provenía de un trauma, consecuencia de que su padre le empujara a los diecinueve años a tener una primera experiencia con la prostituta de un burdel para que demostrara su “hombría”.

Así como hay consenso sobre sus relatos, usted recoge en el ensayo que la poesía de Borges, sin estar exactamente en entredicho, no despierta tanto entusiasmo entre los entendidos. ¿Cuál es su opinión al respecto?

Borges se consideró sobre todo poeta, pero no “un gran poeta”. Se lamentaba de que no había podido trasladar al español la música del inglés o del alemán (como Garcilaso hizo con el italiano o Rubén Darío con el francés). Él, que en su juventud había firmado algún manifiesto ultraísta, acabó desdeñando las Vanguardias, convencido de que no sería un descubridor de metáforas o un inventor de palabras como Apollinaire, Vallejo o Huidobro. No obstante, su obra poética, combinando lo intelectual y lo lírico, el metro del verso y la cadencia de la prosa, la alusión y la repetición, también supone una exploración de los límites del lenguaje. Personalmente, me gusta mucho su poesía. Cifra su originalidad en un clasicismo muy personal, que la hace única. Y es precisamente donde Borges se descubre como el hombre sencillo y el creador extraordinario que fue.

Si tuviera que quedarse con una de sus obras, ¿cuál sería y por qué?

En esta pregunta voy a hacer trampa: Borges posee textos únicos y memorables, entre mis favoritos los relatos El Aleph y El Sur, Fragmentos de un Evangelio apócrifo, El poema de los dones y El otro poema de los dones, El remordimiento, y sonetos de una belleza absoluta como Lo perdido, El enamorado, Una rosa y Milton… Sin embargo, si debo escoger una sola obra, me quedaría con la miscelánea El Hacedor. Es un libro de 1960 donde encontramos la diversidad de temas y formas que el escritor cultivaría hasta el final de su vida: poemas en verso, reflexiones en prosa, breves relatos, disquisiciones filosóficas. Allí está representado todo Borges, el del pasado y el del futuro, el haz de posibilidades por las que incursionó su obra. No es de extrañar que, en el epílogo, el autor lo considerara su libro más personal.

¿Y su ceguera, de qué modo condicionó su manera de estar en el mundo?

Paradójicamente, la ceguera le incitó a explorar el cuento fantástico y los universos imaginarios. Orientó su poesía hacia formas métricas fáciles de componer mentalmente y afianzó su uso del poema en prosa. Fortaleció todavía más su pasión por los libros, que bien atesoraba en su memoria, bien le leían amigos y colaboradores. Contribuyó a vencer su timidez como profesor y conferenciante, y acrecentó, si cabe, con esa aura de vate venerable, el cariño y la admiración de quienes le conocieron. Y no le impidió, siendo ya anciano, viajar a lugares lejanos y exóticos acompañado de la mujer que amaba, María Kodama. Sí, al final Borges conoció el amor, espiritual, sincero e imperfecto, un regalo inesperado que le deparaba la vida. Totalmente a oscuras, en sus últimos años no sólo se consagró como escritor, si no que redescubrió el mundo. Y quizá, por primera vez, se sintió libre.

Entrevista de Esther Peñas. Cultura, Solidaridad Digital, noviembre 2020.

El penúltimo infierno de Borges