El penúltimo infierno de Borges es un ensayo metaliterario que rinde tributo a uno de los autores indispensables del siglo XX como es Jorge Luis Borges: genuino poeta, narrador, pensador y crítico literario.
Por un lado, es innegable el valor biográfico de este libro, tanto como la labor ensayística que su autora, Silvia Rins, lleva a cabo. Pero El penúltimo infierno de Borges es mucho más. Esta obra, madurada con años de lecturas, análisis y reflexiones acerca del universo borgiano, por efecto de la capilaridad, recrea la figura de su protagonista en un trasunto biográfico que respeta la cronología −es cierto−, pero que no vacila a la hora de alterar el método, el tono y el estilo, en una suerte de transgresión continua. El resultado es una obra asíncrona, compleja e irreductible, un canto a la libertad poética, a la erudición y al rigor expresivos. La relación de datos referentes a la vida y obra del escritor argentino se alterna con la irrupción de textos poéticos −en verso y prosa− que tergiversan la voz del narrador omnisciente. De este modo, el eje temporal queda en suspenso para que su autora pueda realizar admirables digresiones, ejercicios de introspección que indagan en el mundo onírico, en los laberintos intelectuales y personales del argentino. Tal y como Silvia Rins nos explica en uno de los capítulos iniciales −titulado “La biografía imposible”−, sus elecciones y la intrincada obra de Borges son las que marcan la pauta de su escritura; no las dudosas convenciones del género biográfico:
Trazar la figura de un hombre, reescribirlo en un papel, es siempre dar valor absoluto a unos elementos que conocemos, y sancionar la inexistencia de los que ignoramos. Y aún menos: es preferir aquellos que nos conmueven y elige nuestro deseo, si no nuestra vanidad, y crear una marioneta que pueda expresarse en nuestro estilo. (…) La escritura, como la vida, es una serie de continuas elecciones, monótonas o imprevisibles, que llevamos a cabo de manera consciente o inconsciente.
En este contexto, El penúltimo infierno de Borges arranca con un texto inquietante, un sueño entreverado de pesadillas, protagonizado por el mismo Borges y la autora, que lleva por título “Tres sueños”. Es un ejemplo modélico de los procedimientos con que Silvia Rins construye su originalísima aportación al imaginario borgiano, apelativo con plena entidad que, sin embargo, Borges rechazaba.
La sinceridad, la admiración y la voluntad de analizar hasta las últimas consecuencias la personalidad y la obra del célebre escritor preside este ensayo, de inusual lucidez, trufado de inteligentes citas. Verbigracia, sobre el azar Borges diría: “nuestro desconocimiento de las leyes que rigen la enigmática maquinaria de la casualidad”; o al afirmar que la fama es un “reflejo de sueños en el sueño de otro espejo”, en un mundo que “suele ser el reino de la inconsciencia, el error y el despropósito”.
Silvia Rins, con su rico bagaje cultural y literario, recupera la esencia del sabio, artífice e ilusionista de la palabra que fue Borges, quien, como sibarita intelectual, fue un crítico temible. Con su afilada pluma emitía juicios lapidarios −y a menudo discutibles− sobre colegas o autores consagrados, y jamás se desdecía. Bajo esta premisa, Borges consideraba que la literatura inglesa era la mejor de Occidente y acaso del mundo entero.
El Borges contador de historias, sagaz, heterodoxo, libre de interferencias exteriores −pues su patria eran las bibliotecas−, es protagonista e interlocutor de este espléndido trabajo de Silvia Rins. En él, la autora dialoga con su criatura, en una búsqueda de la verdad, asumiendo un sofisticado juego de identificaciones que deriva en la simbiosis de ambos, tal y como refleja a la perfección la portada del libro. En este proceso de asimilación, el Borges biografiado por Rins se erige, por momentos, en el alter ego de la autora.
No quisiera acabar esta reseña sin incidir en el carácter transgresor de la obra poética de Silvia Rinsi, desmarcada de los géneros y profundamente enraizada en la esencialidad de la poesía. Solo alguien como ella, con su escritura desafiante, podía ser capaz de desmitificar al hombre y, al mismo tiempo, homenajear con criterio al poeta, erudito, pensador y narrador.
Con El penúltimo infierno de Borges el fascinante juego de espejos, motivo recurrente en la obra del escritor, traspasa sus propios límites. ¿Alguien duda que a Georgie le hubiera encantado?
Un canto a la libertad poética", por Dolors Fernández Guerrero. Revista El Ciervo, núm. 784, Nov-Dic 2020.

Fantástica reseña. Coincido en que a Georgie le hubiera gustado una biografía tan imaginativa
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