
El penúltimo infierno de Borges, de Silvia Rins (Barcelona, 1971), es un doble homenaje a Borges: como ensayo sobre su vida y obra, y como apropiación de su estilo y su cosmovisión. Los capítulos que lo integran se dividen entre los que analizan los diferentes aspectos de su biografía y su literatura, y los que recrean, en forma de cuento o poema, sus preocupaciones y su forma de escribir. En «Infierno cuántico», por ejemplo, habla Borges muerto. Rins practica con solvencia todos los mecanismos expresivos a los que nos acostumbró Borges, siempre teñidos de un barroquismo singular, y reproduce su vocabulario. Se hace, pues, plenamente borgiana, demostrando, una vez más, el poder de succión del maestro argentino: la dificultad de sustraerse a su ritmo, a su prosodia, a sus giros. Pero la asunción del modus operandi de Borges no incapacita a Rins para el análisis de ese mismo modo, esto es, para el autoanálisis. Antes bien, la autora hace una disección estilística muy atinada de la escritura borgiana, que atiende, en primer lugar, a aquella obviedad tan a menudo olvidada, y que el propio Borges hubo de recordar, según la cual «la literatura es un hecho sintáctico». Devuelve, así, las grandilocuencias y sublimidades de la poesía al prosaico suelo de lo gramatical, de lo estrictamente lingüístico. Paradójicamente —la paradoja es también muy borgiana—, Rins recuerda que para Borges lo fundamental era la emoción estética y que el resto es oficio y se puede aprender. Rins también subraya el esfuerzo constante del autor de El Aleph por encontrar el adjetivo adecuado, por alejarse de lo vulgar y lo autóctono, para decir lo ya dicho de una forma personal; esto es, su constante busca de la originalidad, que el argentino demostrara, contra lo que siempre han dicho los agoreros, los incapaces y los perezosos, que puede culminarse con éxito. El penúltimo infierno de Borges revela asimismo la visión que tenía Borges de la crítica —el crítico ha de ser también un creador, que persiga, por encima de todo, identificar y transmitir la emoción estética de aquello que critica— y nos permite redescubrir algunos datos muy particulares de su vida y su obra. Por ejemplo, las muchas mujeres con las que mantuvo relaciones sentimentales, y a las que «amaba sincera y a veces simultáneamente», precisa Rins; o el hecho de que, en sus veleidades vanguardistas de juventud, escribiese (a los diecinueve años y en Madrid) un poemario exaltador de la revolución rusa de octubre, un poemario bolchevique, titulado Salmos rojos o Ritmos rojos, que por desgracia se ha perdido (probablemente, el propio Borges lo destruyó), excepto el poema en prosa «Rusia», que se publicó en el núm. 48 de la revista ultraísta Grecia, en septiembre de 1920: «La trinchera avanzada es en la estepa un barco al abordaje con gallardetes de hurras: mediolitas estallan en los ojos. Bajo estandartes de silencio pasan las muchedumbres y el sol crucificado en los ponientes se pluraliza en la vocinglería de las torres del Kremlin…». Rins recuerda también el maravilloso «arte de injuriar» de Borges, una disciplina que el argentino practicó con tenacidad, delectación y eficacia toda su vida, y lo ilustra con sus dicterios contra autores españoles, desde Américo Castro a Lorca, a quien consideraba «un poeta menor» y «un andaluz profesional», al que favoreció «su muerte trágica». Muy lejos de la injuria se sitúa la comedida crítica que hace Rins de Borges: «Esta profusión de símbolos y metáforas, utilizados hasta la saciedad tanto por el autor como por un sinfín de imitadores posteriores, produce una cierta previsibilidad en [su] obra. Muchos de sus textos son ecos, ampliaciones o síntesis sobre los temas de siempre». A lo que Borges responde que, si se repite, es porque es sincero y habla solamente de los temas que verdaderamente le importan (o le obsesionan).
"Un infierno que es un cielo", por Eduardo Moga. Revista Quimera, junio 2020.
El
penúltimo infierno de Borges
!Magnífica reseña!
ResponderEliminarEl penúltimo infierno de Borges nos muestra las múltiples caras de Borges. Y te acerca al autor a través de diferentes caminos: el ensayo, la poesía, el relato. Interesantísimo y bellamente escrito. Lo recomiendo.
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